Páginas del Café

Gipsy Kings

 Savor Flamenco
The Bay, San Diego, California, 2013


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RESEÑA EN EL CAFÉ
Una noche para bailar con el alma

Hay conciertos que uno asiste con la expectativa de escuchar buena música, y hay otros —los menos— en los que el corazón se deja sorprender. Así fue la noche en que los Gipsy Kings desembarcaron en The Bay de San Diego en 2013, trayendo consigo la llama nómada de su Savor Flamenco. No fue una simple gira promocional: fue una peregrinación sonora, una fiesta sin fronteras, un encuentro con la memoria del Mediterráneo.

Desde el primer rasgueo de guitarra, algo en el aire cambió. Como si el océano cercano se hubiera rendido a los compases de la rumba catalana, las canciones comenzaron a desplegarse como antiguas cartas de amor: “Djobi Djoba”, “Bamboleo”, “Volare”... y luego las más recientes, como “Caramelo”, que supieron colarse con dulzura entre los clásicos. El público, ese mar humano que mezclaba generaciones y orígenes, no tardó en abandonar sus sillas (si es que alguien alguna vez pensó quedarse sentado). Era una celebración sin instrucciones. Bastaba con dejarse llevar.

Pero no todo fue ritmo y palmas. Había también melancolía, esa tristeza dulce que habita en las guitarras gitanas cuando el mundo parece demasiado grande para quedarse quieto. Tonino Baliardo, con su guitarra como brújula emocional, dibujó paisajes invisibles; Nicolas Reyes, con esa voz quebrada como el cuero viejo que ha viajado mucho, cantó como si cada canción fuera la última.

Fue ahí, en medio de la música, que entendí lo que los Gipsy Kings siempre han hecho: reinventarse sin traicionarse. Savor Flamenco no era un simple disco, era una declaración: saborear el flamenco es recordar que venimos de muchos lugares a la vez. Que la identidad puede ser un compás, una guitarra, un idioma que no se habla con palabras.

A veces pienso que el amor también se parece a eso. A bailar una canción que no sabes cómo termina. A cantar en una lengua que no entiendes, pero que sientes como tuya. A dejarse llevar por una música que arde sin quemar.

Esa noche en San Diego, entre las luces suaves del escenario y el rumor del mar cercano, los Gipsy Kings nos recordaron que no hace falta entenderlo todo para sentirse en casa. Solo basta con cerrar los ojos, seguir el ritmo y bailar, aunque sea con el alma.

Julio César Pisón
Cafe Mientras Tanto

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