Páginas del Café

El velo pintado (2006)

 Título original: The Painted Veil
País: Estados Unidos 
Dirección: John Curran
Guion: Ron Nyswaner, basado en la novela de W. Somerset Maugham
Género: Drama romántico / Cine histórico
Reparto: Naomi Watts, Edward Norton, Liev Schreiber, Toby Jones, Diana Rigg
Idioma: Doblada al Español


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RESEÑA EN EL CAFÉ
El amor como forma de redención en un mundo enfermo

Hay películas que no gritan, pero resuenan. El velo pintado, dirigida por John Curran en 2006, es una de ellas. Ambientada en la China de los años veinte, en el corazón de una epidemia de cólera y bajo la sombra del colonialismo británico, esta historia parece hablarnos desde otro tiempo, pero en realidad nos confronta con preguntas actuales: ¿cómo amar en medio del desastre? ¿Es posible transformar el desprecio en respeto, el egoísmo en entrega, la culpa en amor?

La película narra el viaje emocional y moral de Kitty, una joven inglesa atrapada en una vida de apariencias, y Walter, un médico que parece amar más a la ciencia que a las personas. Tras una traición conyugal, ella lo acompaña a una remota aldea china, no por amor, sino por castigo. Pero allí, entre la muerte y el desarraigo, algo inesperado sucede: comienzan a encontrarse, a hablar con verdad, a mirar el mundo con otros ojos. El amor —y esto es lo más sorprendente del film— no surge del deseo, sino del sufrimiento compartido.

A diferencia de muchas películas románticas, aquí el afecto no es un punto de partida, sino de llegada. Se construye en medio del polvo, del agua contaminada, de la indiferencia cultural, de la soledad. Es un amor ganado a pulso, sin atajos emocionales ni grandilocuencias. La cámara de Curran, serena y contemplativa, nos deja ver los gestos pequeños: una taza de té, una mirada furtiva, una sonrisa que aparece tímidamente. Y ahí, en lo cotidiano, aparece lo trascendente.

Lo político no queda fuera. La epidemia no es solo un decorado, sino una metáfora poderosa: la enfermedad no es solo bacteriana, sino espiritual. Europa ha llegado a Asia no solo con tecnología y ciencia, sino con arrogancia, paternalismo y una profunda incomprensión. En este contexto, Walter y Kitty deben desaprender, desarmarse, dejar de querer controlar el mundo para aprender a habitarlo con otros. Curar, en el fondo, es también dejarse curar.

Tal vez lo más conmovedor de El velo pintado sea su apuesta por una forma de redención íntima, alejada de los discursos heroicos. Kitty no se transforma porque haya que salvar a nadie, sino porque descubre, en medio del colapso, que el amor no es un privilegio de los cómodos, sino una posibilidad ética en tiempos difíciles. Y eso, en una época como la nuestra —marcada por crisis, pandemias y polarización—, se siente más urgente que nunca.

El film no ofrece respuestas fáciles, pero sí deja una sensación: que en un mundo herido, aprender a amar —sin poseer, sin idealizar, sin exigir— es tal vez la forma más radical de resistencia.

Julio César Pisón
Café Mientras Tanto

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