This is Not a Drill
Live Broadcast From Prague 2023
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RESEÑA EN EL CAFÉ
La música como manifiesto: Roger Waters y el arte de incomodar
Pocos artistas han convertido la escena en un campo de batalla ideológica tan abiertamente como Roger Waters, exlíder de Pink Floyd y eterno disidente de los consensos. This Is Not a Drill —transmitido en vivo desde Praga en 2023 como un evento cinematográfico global— no es simplemente un concierto retrospectivo; es un grito de urgencia, una performance multidisciplinar que denuncia, provoca y propone desde la trinchera sonora del rock progresivo.
Contexto político y urgencia performativa
En una época de guerras híbridas, colapsos ambientales y democracias heridas, Waters se posiciona sin ambigüedades. Desde el primer momento, el espectáculo se abre con un aviso contundente: “Si vienes esperando a un viejo rockero cantando éxitos sin molestar a nadie, estás en el lugar equivocado.” La gira y la transmisión en cines refuerzan su intención: no se trata de entretener, sino de despertar conciencias. Es, literalmente, un ensayo de alerta (de ahí el título: This is Not a Drill).
Escenografía inmersiva y narrativa visual
El escenario —una cruz flotante en medio del estadio— se convierte en un altar secular desde el cual Waters lanza su liturgia iconoclasta. Las pantallas monumentales proyectan datos, imágenes de drones, frases acusatorias (“Fuck the war machine”) y nombres de víctimas, como si el concierto fuese simultáneamente archivo, panfleto y misa laica.
Setlist entre la nostalgia y la denuncia
El repertorio alterna clásicos de Pink Floyd (“Comfortably Numb”, “Us and Them”, “Wish You Were Here”) con composiciones recientes y reformuladas que cobran nuevos sentidos en clave política. La reinvención de “The Bravery of Being Out of Range”, por ejemplo, ataca sin piedad la hipocresía de los líderes occidentales. En “The Bar”, Waters propone ese lugar simbólico de encuentro, diálogo y resistencia que falta en el discurso público contemporáneo.
El discurso como parte del arte
Lejos de los músicos que temen la “cancelación”, Waters abraza el conflicto. Su crítica a Israel por el trato a Palestina, sus denuncias al imperialismo estadounidense y su rechazo a las corporaciones mediáticas aparecen como parte integral del show. Lo que podría parecer excesivamente panfletario en otros artistas, en él es inseparable de la forma estética: Waters convierte el espectáculo político en un género en sí mismo.
Conclusión: escuchar con los ojos abiertos
This Is Not a Drill no es solo un concierto: es una intervención artística y política que busca incomodar, interpelar y provocar. Waters no quiere fans pasivos, sino ciudadanos críticos. La experiencia de verlo en una sala de cine amplifica esa sensación de extrañamiento: estamos ante una ceremonia contemporánea, incómoda pero necesaria, donde la música deja de ser fondo y se convierte en denuncia.
Más que un acto nostálgico, Waters demuestra que el rock puede seguir siendo un acto radical. En tiempos de algoritmos anestesiantes y espectáculos complacientes, This Is Not a Drill es una llamada a no rendirse. Porque, como dice Waters al final: “It’s not too late.”
Julio César Pisón
Café Mientras Tanto
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