El club Dumas
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RESEÑA EN EL CAFÉ
Entre demonios y folios antiguos: un thriller literario
Arturo Pérez-Reverte, uno de los narradores más reconocibles de la literatura española contemporánea, ofrece en El club Dumas un homenaje envenenado al mundo del libro antiguo, el coleccionismo obsesivo y el poder inquietante de la ficción.
Ensayística
¿Y si los libros no fueran solo objetos de papel, sino puertas? ¿Y si en sus páginas se escondieran enigmas capaces de trastocar el orden de la realidad? Esta es la premisa —tentadora, oscura— que plantea El club Dumas, una novela que no se lee: se investiga, se habita, se atraviesa con la misma mezcla de placer e inquietud con que uno desciende a una biblioteca subterránea y enciende una linterna.
Lucas Corso, el protagonista, no es un detective ni un académico: es un sabueso de libros raros, alguien que huele el papel como otros huelen el miedo. Se mueve por Europa entre coleccionistas neuróticos, editores sin escrúpulos, demonólogos aficionados y mujeres enigmáticas. Lo contratan para verificar la autenticidad de un capítulo manuscrito de Los tres mosqueteros y, casi al mismo tiempo, para investigar un libro maldito: Las Nueve Puertas del Reino de las Sombras. Ambos encargos parecen no tener relación, pero la literatura —como el diablo— nunca juega limpio.
Pérez-Reverte crea aquí una historia que es muchas a la vez: novela negra, folletín, tratado de bibliofilia, guiño al lector cómplice. A ratos parece que Dumas está escribiendo junto a él, y a ratos, que un alquimista ocultista le dicta el siguiente giro del argumento. El ritmo es vertiginoso, pero no vacuo: cada página rezuma un amor contagioso por los libros, los manuscritos perdidos, los márgenes anotados con tinta ilegible.
¿Tiene fallas? Sí, como todo texto que se atreve a coquetear con lo absoluto. El final puede resultar frustrante para quienes buscan certezas, pero ahí radica quizás su mayor virtud: El club Dumas no busca cerrar un caso, sino abrir un portal. Su lector ideal no es el que quiere saber “qué pasó”, sino el que acepta perderse entre ficciones cruzadas, referencias literarias y grabados enigmáticos.
Esta no es una novela para leer a la ligera. Es un juego, una provocación y, sobre todo, una celebración del poder que tiene un libro cuando alguien —aunque sea un mercenario como Corso— cree que vale la pena perseguirlo hasta el infierno.
Julio César Pisón
Café Mientras Tanto
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