Páginas del Café

Sandro

 En Concierto 
Centro de Bellas Artes, Puerto Rico (1987)

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RESEÑA

El fuego de Sandro nunca se apagó en los escenarios. En 1987, cuando subió al escenario del Centro de Bellas Artes de Puerto Rico, lo hizo como un hombre que llevaba ya sobre sus hombros el peso de dos décadas de gloria, pero también como un artista consciente de que su magnetismo seguía intacto. Era el Sandro maduro, de voz grave y profunda, con el gesto teatral amplificado, con la silueta de galán latinoamericano que seguía encendiendo suspiros entre quienes lo habían amado desde los años sesenta y entre nuevas generaciones que lo descubrían en directo.

Este concierto es un documento vivo de esa segunda edad dorada de su carrera. El repertorio recoge la intensidad del bolero, la ternura de la balada y la fuerza visceral del rock romántico que siempre lo definió. “Rosa, Rosa”, “Tengo”, “Dame fuego”, y tantas otras, se transforman aquí en himnos coreados, en rituales compartidos entre artista y público. Cada interpretación es también una confesión: Sandro no canta, Sandro se entrega, y su cuerpo, aún cargado de energía y sudor, acompaña cada nota con movimientos que parecen desbordar la escena.

La atmósfera de Puerto Rico añade una resonancia particular. El calor del Caribe, la devoción de un público que lo recibe como a un amante lejano que vuelve, la complicidad inmediata entre artista y audiencia, hacen de este recital un instante suspendido en la memoria de la música latina. Sandro se deja llevar por la teatralidad de sus gestos, la cercanía con sus músicos, la forma en que mira a la cámara como si mirara a cada espectador en su butaca.

Hay en este concierto una afirmación poderosa: Sandro no es solo “el Elvis latino”, sino un cantor dramático, heredero de Gardel y pionero del rock en español. Su figura mezcla lo romántico y lo salvaje, lo poético y lo popular. Años después, al volver sobre estas imágenes, se percibe la densidad de un artista que canta con todo su ser, consciente de que cada instante en escena es un acto de vida.

Este recital no solo pertenece a la memoria de sus fans, sino a la historia de la música en español. Sandro, en 1987, vuelve a recordarnos que el escenario era su reino, y que allí, frente al público, alcanzaba la eternidad.

Fuego en el escenario, amor eterno en la voz.

– Julio César Pisón
Café Mientras Tanto

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