Páginas del Café

Juan Luis Guerra

 Viña del Mar 2012

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Bajo el cielo tibio de febrero, la Quinta Vergara se rindió a los ritmos y las palabras de Juan Luis Guerra. Era el cierre del 53.º Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar y, desde el primer acorde de “La Bilirrubina”, la explanada entera se convirtió en una fiesta que era tanto celebración como reencuentro con una voz que ha marcado generaciones.

Con su inseparable banda 440, Guerra fue hilando merengues, bachatas y baladas con la precisión de un orfebre musical: “Te regalo una rosa” se escuchó como una declaración íntima bajo las luces, “El Niágara en bicicleta” puso a latir el pulso caribeño, y “En el cielo no hay hospital” cerró el programa oficial con un guiño de buen humor y energía desbordante.

Pero el “Monstruo” no se conformó. El clamor de la multitud y la complicidad de los presentadores lo trajeron de vuelta para un bis con “A pedir su mano”, que desató una última oleada de baile, coros y sonrisas. Entre palmas y olas humanas, Guerra recibió la doble consagración: Gaviota de Plata y Gaviota de Oro, premios que parecían más bien un gesto de gratitud colectiva que simples galardones.

Aquella noche en Viña no fue solo un concierto: fue la confirmación de que, cuando un artista conecta con el corazón de su público, cada canción se vuelve parte de una memoria compartida.

– Julio César Pisón
Café Mientras Tanto

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