Páginas del Café

Tango Orchestra Misterioso

 Alma de Tango 
Kozlov Club, Moskva

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RESEÑA
Un bandoneón resuena como un corazón roto en Moscú.

No hay territorio que no pueda ser conquistado por la melancolía del tango cuando este se toca con alma. En pleno centro de Moscú, el Kozlov Club –reducto privilegiado del jazz y la música con carácter– se transformó en una especie de Buenos Aires translúcido gracias a Tango Orchestra Misterioso y su espectáculo “Alma de Tango”. Desde el primer compás, fue evidente: aquí no se venía a imitar una tradición, sino a encarnarla con reverencia y vigor.

La propuesta es singular: una orquesta internacional que lleva años rindiendo culto al lenguaje del tango desde Europa del Este, buscando en cada nota el aliento de los arrabales porteños. Lo consiguen. Porque hay algo más allá de la ejecución impecable: hay respeto, estudio y, sobre todo, entrega emocional.

Las cuerdas –violines, violas y un contrabajo que parecía respirar por cuenta propia– tejían un fondo dramático que se alzaba cuando el piano y el bandoneón entraban como voces antiguas a marcar el pulso del recuerdo. La presencia del bandoneonista fue vital: sobrio, pero arrebatado en momentos clave, con ese fraseo que sabe cuándo llorar y cuándo empujar hacia la danza.

En “Alma de Tango” se interpretaron clásicos de Piazzolla y Gardel, pero también composiciones propias, que fueron recibidas con igual fervor por un público ruso visiblemente emocionado, como si en cada giro melódico se narrara también su propia nostalgia. La pieza “Invierno porteño” sonó como un ritual de fuego en medio del frío, y “El día que me quieras” pareció entonada por fantasmas tiernos que aún no quieren marcharse.

No hubo teatralidad innecesaria ni lujos escénicos: todo el peso lo llevó la música, como debe ser en el tango verdadero. El final llegó con un bis inesperado: “Libertango”, tocado con una potencia que hizo temblar el suelo del club, dejando a los presentes en un estado de asombro agradecido.

La noche fue una prueba luminosa de que el tango, si es honesto, puede brotar donde menos se espera. También en Moscú. También en una sala subterránea donde los corazones laten, aunque nadie baile.

La nostalgia tiene pasaporte. Y en Moscú también se llora en compás de dos por cuatro.

– Julio César Pisón
Café Mientras Tanto

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