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Ocho y medio (1963)

 Ocho y medio (1963)
Título original: 8 1/2 
Italia
Dirección: Federico Fellini
Idioma: Doblada al Español


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Reparto: Marcello Mastroianni. Claudia Cardinale. Anouk Aimée. 
Sandra Milo. Rossella Falk. Barbara Steele. Mario Pisu. Guido Alberti

Género: Drama. Comedia | Cine dentro del cine. Surrealismo.

Sinopsis:
Después de obtener un éxito rotundo, un director de cine atraviesa una crisis de creatividad e intenta inútilmente hacer una nueva película. En esta situación, empieza a pasar revista a los hechos más importantes de su vida y a recordar a todas las mujeres a las que ha amado. 

Críticas: 
"Hilarante y acumulativamente original (...) Lo más maravilloso e inventivo que ha hecho nunca" 
-Jonathan Rosenbaum: Chicago Reader       

Posición en rankings FA:
16 Mejores películas italianas de todos los tiempos
32 Mejores películas de comedia
34 Mejores películas de los años 60
148 Mejores películas de drama

Premios:
1963: 2 Oscars: Mejor película de habla no inglesa, vestuario. 5 nominaciones
1963: Premios BAFTA: Nominada a Mejor película
1963: Festival de Cannes: Sección oficial (Fuera de competición)
1963: Sindicato de Directores (DGA): Nominada a Mejor director
1963: National Board of Review: Mejor película extranjera
1963: Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor película extranjera

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RESEÑA EN EL CAFÉ

Sinopsis y contexto
Ocho y medio sigue a Guido Anselmi (interpretado por Marcello Mastroianni), un director de cine italiano en crisis creativa y personal. A sus 43 años, Guido está intentando rodar una nueva película, pero se encuentra bloqueado, atrapado entre las expectativas de productores, actores, su esposa Luisa (Anouk Aimée), su amante Carla (Sandra Milo) y un torbellino de recuerdos, fantasías y presiones internas. Mientras se refugia en un balneario para descansar, su mente divaga entre el pasado (su infancia católica), el presente (su caos emocional) y visiones surrealistas que mezclan realidad y ficción. La película lleva el título 8½ porque Fellini, al hacerla, había dirigido previamente seis largometrajes, dos cortometrajes (que cuentan como uno) y una codirección (media película), sumando un total de "ocho y medio" proyectos antes de este.

Dirección de Federico Fellini: El genio en su apogeo
Fellini, conocido por su estilo barroco y su habilidad para fusionar lo onírico con lo cotidiano, alcanza aquí la cima de su carrera. Ocho y medio es una obra profundamente autobiográfica: Fellini mismo estaba enfrentando un bloqueo creativo tras el éxito de La dolce vita (1960) y usó esta película para exorcizar sus demonios. Su dirección es magistral porque logra convertir una crisis personal en una narrativa universal, utilizando un enfoque fragmentado pero coherente.

El ritmo de la película es deliberadamente caótico, reflejando la mente de Guido. Fellini no teme romper las reglas del cine narrativo tradicional: no hay una trama lineal estricta, sino una serie de episodios que se entrelazan como un sueño febril. Esta estructura podría haber resultado confusa en manos de un director menos hábil, pero Fellini la sostiene con una mezcla de humor, melancolía y una energía visual deslumbrante. Su uso de transiciones entre realidad, memoria y fantasía es tan fluido que el espectador apenas nota los límites, lo que refuerza la idea de que la vida de un artista es un collage de experiencias internas y externas.

Actuaciones: Marcello Mastroianni como alter ego de Fellini
Marcello Mastroianni ofrece una de las interpretaciones más icónicas de su carrera como Guido Anselmi. Con su aire de cansancio elegante, sus gafas oscuras y su sombrero, Mastroianni encarna a la perfección al hombre atrapado entre el encanto y la desesperación. Su Guido es a la vez carismático y patético, un seductor que no puede seducirse a sí mismo. La química con el resto del reparto, especialmente con Anouk Aimée (Luisa) y Sandra Milo (Carla), aporta profundidad a las relaciones fracturadas del protagonista.

El elenco secundario es igualmente brillante. Claudia Cardinale, como Claudia, la musa idealizada de Guido, aporta una presencia etérea que contrasta con las figuras más terrenales de su vida. Cada actor, incluso en papeles menores (como el crítico pedante Daumier, interpretado por Jean Rougeul), está perfectamente calibrado para reflejar las facetas de la psique de Guido y, por extensión, de Fellini.

Estilo visual: Un festín barroco
La fotografía en blanco y negro de Gianni Di Venanzo es una obra de arte en sí misma. Cada plano está compuesto con una precisión que roza lo pictórico, utilizando contrastes de luz y sombra para enfatizar el estado emocional de Guido. Las escenas oníricas, como el famoso "harem" donde Guido imagina a todas las mujeres de su vida sirviéndolo, o la secuencia inicial del atasco de tráfico y su "vuelo" onírico, son visualmente impactantes y han influido en generaciones de cineastas.

Fellini llena la pantalla con detalles: multitudes, rostros expresivos, vestuarios extravagantes. Su estilo barroco no es gratuito; cada elemento visual contribuye a la sensación de saturación que siente Guido. La escena final, con su desfile circular de personajes al son de una banda, es un ejemplo perfecto de cómo Fellini transforma el caos en armonía, sugiriendo una reconciliación con la vida y el arte.

Banda sonora: Nino Rota y el alma del circo
La música de Nino Rota, colaborador habitual de Fellini, es esencial para el tono de Ocho y medio . Rota mezcla marchas circenses, melodías melancólicas y fragmentos operísticos para crear una banda sonora que oscila entre la alegría y la nostalgia. La música no solo acompaña la acción, sino que actúa como un comentario emocional, subrayando los altibajos de Guido. El uso de "La marcha de los gladiadores" en la escena final es particularmente memorable, evocando el circo como metáfora de la vida y el cine.

Temas: El arte, la culpa y la identidad
Ocho y medio es, ante todo, una meditación sobre la creación artística. Fellini explora el tormento del artista que siente que no puede cumplir con las expectativas (las suyas propias y las de los demás). Guido está paralizado por la presión de hacer una obra maestra, pero también por su incapacidad para ordenar su vida personal. La película plantea preguntas profundas: ¿Qué significa ser auténtico en el arte? ¿Es posible separar al creador de su creación?

Otro tema central es la culpa católica, un eco de la infancia de Fellini en la Italia rural. La figura de Saraghina, la prostituta que baila para los niños en la playa, y las reprimendas de los curas simbolizan el conflicto entre deseo y moralidad que persigue a Guido. Asimismo, la relación con las mujeres —esposa, amante, musa— refleja su lucha por encontrar un equilibrio entre idealización y realidad.

Finalmente, Ocho y medio es una celebración de la vida en su desorden. La escena final, donde Guido abraza sus imperfecciones y dirige a todos los personajes de su vida en un desfile, sugiere que el arte no necesita ser perfecto, sino honesto.

Impacto cultural y legado
Desde su estreno, Ocho y medio ha sido aclamada como una de las grandes obras del cine. Ganó el Oscar a Mejor Película Extranjera y ha inspirado a directores como Woody Allen ( Stardust Memories ), David Lynch y hasta Martin Scorsese. Su influencia se extiende más allá del cine: el término "fellinesco" se acuñó para describir cualquier obra que combine lo surrealista con lo humano de manera extravagante.

Sin embargo, no hay ninguna crítica. Algunas la encuentran autoindulgente, un ejercicio de narcisismo por parte de Fellini. Aunque este argumento tiene mérito —la película es descaradamente personal—, su genialidad radica en transformar esa introspección en algo universalmente identificable.

Conclusión
Ocho y medio es una obra compleja, hermosa y profundamente humana. No es una película para todos: requiere paciencia y disposición a sumergirse en su caos. Pero para quienes la abrazan, ofrece una experiencia única: un retrato del artista como un ser frágil, contradictorio y, en última instancia, redimido por su propia imaginación. Fellini no solo creó una película sobre hacer cine; Creó un espejo donde se reflejan nuestras propias luchas por dar sentido a la vida. Es, sin duda, una obra maestra atemporal.


Gracias por vuestra atención!

Julio César Pisón 
Café Mientras Tanto

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