On An Island
The Mermaid Theatre
London, England (2006)
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RESEÑA EN EL CAFÉ
En marzo de 2006, David Gilmour volvió a los escenarios con un nuevo álbum solista, On An Island, su primer trabajo en solitario en más de dos décadas. El concierto en el Mermaid Theatre de Londres marcó una presentación especial: un show íntimo, grabado en vivo para la BBC, que combinó con maestría la calidez de su nuevo material con selecciones selectas del repertorio de Pink Floyd.
Un espacio íntimo, una interpretación majestuosa
El Mermaid Theatre, con capacidad limitada, ofreció el marco ideal para un espectáculo cálido, cercano y emocional. Gilmour, lejos de los estadios multitudinarios, se mostró relajado y generoso en su ejecución. La banda que lo acompañó —incluyendo a su excompañero de Pink Floyd, Richard Wright— dotó al concierto de una riqueza instrumental que respetaba el tono introspectivo del álbum.
El corazón de la noche: On An Island
La primera mitad del concierto estuvo dedicada íntegramente al nuevo disco. Temas como “Castellorizon”, “The Blue”, “Take a Breath” y, por supuesto, la balada titular “On An Island” brillaron por su belleza melódica y madurez sonora. Las composiciones, introspectivas y atmosféricas, se deslizaron con naturalidad gracias a la impecable ejecución y a la complicidad entre los músicos. La voz de Gilmour, intacta, transmitía serenidad y experiencia, mientras que sus solos de guitarra, aunque más contenidos que en la época de The Wall o Animals, seguían siendo el alma del espectáculo.
Un guiño al legado de Pink Floyd
La segunda parte del concierto incluyó joyas del catálogo floydiano: “Shine On You Crazy Diamond” (Parte I–V), “Comfortably Numb”, y una versión memorable de “Echoes”, que cerró la noche con un despliegue sonoro impresionante. Lejos de recreaciones nostálgicas, estas interpretaciones revelaron una relectura madura y renovada. “Echoes”, en particular, fue un momento culminante, con sus pasajes psicodélicos condensados en un formato compacto pero igualmente hipnótico.
Conclusión: una noche entre el pasado y la contemplación
El concierto en el Mermaid Theatre demostró que Gilmour no necesitaba de artificios ni grandes producciones para conmover. Su guitarra —melancólica, precisa, inconfundible— y su nuevo repertorio íntimo se fundieron con los ecos de Pink Floyd en una velada que celebró tanto la renovación como el legado. Más que un concierto, fue una conversación musical con el tiempo, un testimonio sereno de un artista que aún tiene mucho que decir.
Julio César Pisón
Café Mientras Tanto
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